ROBO v HURTO EN LOS SEGUROS DE HOGAR

ROBO v HURTO EN LOS SEGUROS DE HOGAR

Tradicionalmente, las pólizas de daños conocidas como “seguros de hogar”, cubren (con límites cuantitativos razonables) el robo de bienes personales fuera del hogar. Es una cobertura “adicional” o “extensiva”, que estas pólizas ofrecen para proteger los bienes del hogar asegurados, cuando salimos de casa y los llevamos en el bolso. Fue, hace ya décadas, una innovación para hacer estas pólizas más atractivas y vender más seguros de hogar, cuando España era un mercado virgen en materia de seguros.

Pero a la vez que se lanzó esta novedosa “extensión” de cobertura (fuera del hogar) a las clásicas prestaciones de daños en la vivienda, se introdujo una trampa en el clausulado: el robo sí se cubre, pero no el hurto. Es una maldad contractual.

 

Tiene poco sentido desde un punto de vista asegurador, ya que si de lo que se trata es de proteger los bienes del hogar, la exclusión del hurto no tiene razón de ser. La diferencia entre ambas figuras es un tecnicismo de derecho penal: el robo requiere violencia o intimidación, mientras que el hurto no. Pero para el asegurado, el robo es robo, y por más que no haya existido violencia, cuando a alguien le quitan el bolso, el común de los mortales dice que le han “robado” el bolso. Jamás he oído decir a nadie que le han “hurtado” el bolso. Para el asegurado, todo es robo, y no entiende el rechazo del siniestro cuando le dicen que no está cubierto porque ha sido un hurto.

Y digo que no tiene sentido desde un punto de vista asegurador, porque es como si en el riesgo de “incendio”, la aseguradora nos dijese que no está cubierto el siniestro porque la combustión ha sido por “fuego frío” (sin oxígeno) en lugar de fuego con llama. O si en caso de robo en la vivienda, nos topáramos con que si el ladrón entra forzando una ventana, en lugar de una puerta, la aseguradora nos dijera que no cubre el siniestro. Nos parecería que nos están tomando el pelo.

El motivo recurrente que alegan las aseguradoras para justificar esta absurda exclusión del “hurto”, es la facilidad con la que se producirían fraudes, ya que cualquier pérdida de un bolso, podría justificar una prestación a pagar. La verdad es que me parece poco serio excluir supuestos en base a la facilidad del fraude, ya que no veo gran diferencia entre inventarse un hurto o inventarse un robo: sólo hay que decir en la denuncia policial que ha existido “tirón” en la calle, o una amenazante navaja.

La trampa contractual, en mi opinión es un claro ejemplo de cláusula “sorpresiva”, que según doctrina del TS debe tenerse por ineficaz si no ha sido objeto de aceptación expresa (que nunca se produce, porque no figura como exclusión, sino como supuesto de delimitación de cobertura). Como al asegurado le venden la cobertura de “robo” y para el asegurado cualquier sustracción, haya o no violencia, es un robo, la sorpresa de la no cobertura cuando llega el siniestro, justifica perfectamente la inaplicación de la exclusión del hurto, por constituir una cláusula contractual sorpresiva. Es como el ejemplo que he señalado del “fuego o combustión fría” en caso de incendio. Las exclusiones o delimitaciones de cobertura que producen sorpresa por ser objetivamente imprevisibles e inesperadas, no deben afectar al asegurado en caso de siniestro. El problema, que las aseguradoras tienen bien calculado, es que difícilmente un asegurado instará un procedimiento judicial técnicamente complejo por el importe del límite de la cobertura, que oscila entre los 300-600 euros.

Lo que me produce indignación es que por culpa de esta “trampita” contractual, se esté generando un cúmulo de actuaciones penales contra asegurados, instadas por la propia policía en algunos casos y por las aseguradoras en otros, cuando descubren (casi siempre por cámaras de seguridad), que se ha denunciado un falso robo. Muchos asegurados, cuando reciben la noticia de la no cobertura del hurto por parte de su mediador, cambian la versión y le añaden violencia a la pérdida de su bolso, para obtener una cobertura que pensaban que tenían contratada.

Sí, seguro que me dirán que el que miente, estafa; y que un ciudadano decente no miente a la policía, por lo que quien lo haga, que peche con las consecuencias. Pero a mí, que reconozco haber sido otrora del bando asegurador, me indigna pensar que estas diligencias penales contra mucha gente, en último término, vienen provocadas por esta “trampita” contractual, que me parece una maldad aseguradora, porque carece de sentido desde un punto de vista asegurador, si nos tomamos lo que es y debe ser un seguro, con un mínimo de seriedad. Contratamos “daños a bienes”, no “supuestos” de daños a bienes.

 

 

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